El pasado viernes celebramos en casa el cumpleaños de mi marido con una fiesta de Halloween, y como os había adelantado en mi Instagram, cuando os mostré las calabazas que había decorado, los colores elegidos fueron el blanco y el negro.
Para adornar la pared, hice una guirnalda con unos platos que compré en Tiger. También compré allí el candelabro de cartón, los recipientes de rayas y topos de los snaks y las pegatinas de fantasmas y gatos que utilicé como toppers para las brochetas de uvas y queso. Era la primera vez que iba a esa tienda y me la hubiera llevado entera.
El resto de la decoración estaba formada por las calabazas que había adornado, unos vasos-momia muy sencillos de hacer y unos simpáticos murciélagos que imprimí y pegué en la lámpara y en un par de cuencos de la mesa.
La comida fue sencilla. Saladitos, tortilla de patatas, humus, bocaditos de uvas y emmental, tabla de patés, ensalada césar, sándwich, encurtidos y snaks. La parte dulce, fue un jugoso bizcocho con frosting de queso y frutos del bosque.
Siempre que organizo una fiesta en casa, acabo estresada porque no llego y voy fatal de tiempo. Pero en esta ocasión, he debido de organizarme mejor, porque por primera vez, he estado relajada y hasta me ha sobrado tiempo. A ver si en el cumpleaños de Valentina, que es en unas semanas, ocurre lo mismo.
¡Qué paséis una feliz semana!
